lunes, 10 de junio de 2013

El verdadero ginko biloba de la super-memoria

“Tengo muy mala memoria, soy despistada, casi todo se me olvida, fechas, caras, nombres, la más mínima cosa… ¿qué puedo hacer para mejorarla y ejercitarla?”, preguntaba recientemente una angustiada chica en un foro de Internet.
Las respuestas de los bienintencionados internautas incluían consejos como hacer crucigramas y sopas de letras, memorizar poesías, comer con frecuencia uvas pasas, practicar juegos de cartas, desayunar licuado de nuez con pasas, jugar al monopoli, tomar extracto de ginko biloba, practicar el Sudoku o, si todo eso fallaba, ir al médico de cabecera.
¿Pero existe en realidad algún remedio realmente efectivo para potenciar la memoria? 

¿Cuál es el verdadero ginko biloba del poder de la super-memoria?
Lo que la ciencia nos dice es que hay diferentes tipos de memoria y diferentes clases de olvido.
Y que en realidad, no siempre queremos aprender y recordar las cosas para siempre.
Supongamos por ejemplo que nos dictan la lista de la compra para ir al supermercado. Nos interesará recordarla sólo hasta el momento en que realicemos dicha compra. ¿Para qué querríamos recordar las listas de la compra de todos los días pasados de nuestra vida?
De modo que cuando nos dictan la lista de la compra del día, lo que intentamos hacer es mantener la información en nuestra memoria operativa sólo el tiempo suficiente hasta que realizamos la compra, pero no tenemos ningún interés en que esta información pase a nuestra memoria a largo plazo.
La memoria operativa es donde se procesa la información en su fase operativa, antes de la transferencia de la información a la memoria a largo plazo.
Así que para poder recordar la lista de la compra, lo habitual es que nos pongamos a repetirla una y otra vez, mentalmente o en voz baja, para intentar que no desaparezca de nuestra memoria operativa, al menos hasta que hayamos completado la tarea de llegar al centro comercial.
Como esa información nunca habrá pasado a nuestra memoria a largo plazo, en el momento en que dejemos de repetírnosla, desaparecerá también de nuestra memoria operativa y nuestro cerebro borrará para siempre esa información.
Ahora bien ¿qué sucede si queremos guardar una información en nuestro cerebro para recordarla a largo plazo?
Supongamos por ejemplo que nos presentan a alguien. ¿Recordaremos después su nombre?
Depende. Si por alguna razón esa persona nos parece especialmente interesante o relevante, entonces quizás seamos capaces de recordar su nombre después de haberlo oído una sola vez.
Pero si la persona no nos interesa de forma especial, entones sólo seremos capaces de recordar su nombre después de varias repeticiones.
Prestamos atención a lo que nos interesa, a lo que nos emociona, positiva o negativamente. Y si la carga emocional es suficientemente elevada, seremos capaces de aprender, es decir, podremos transferir la información a la memoria a largo plazo, incluso con una sola repetición.
En cambio, cuanto menos nos interese la información que llega a nuestro cerebro, más y más repeticiones necesitaremos para que esa información pase a la memoria a largo plazo.

Así que estos son los dos verdaderos ginko biloba de la memoria: interés y repetición. 

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