miércoles, 22 de enero de 2014

Aprendizaje en Red

El aprendizaje solía ser casi totalmente informal en los días pre-industriales, cuando se producía en el marco de una familia o como aprendiz en un gremio.
Después, el modelo industrial del aprendizaje creó instituciones como las escuelas y los departamentos de formación de las empresas para generar un número cada vez mayor de personas capaces de ingresar en el sistema productivo.
De este modo la formación en el aula se convirtió en la norma.
Con su capacidad para producir masivamente alumnos aptos para el sistema.
Y con su uniformidad, inflexibilidad, obediencia, exámenes, enciclopedismo y trabajo repetitivo.
Entonces llegaron las nuevas tecnologías y las redes, delegando y descentralizando poder hacia los individuos.
Nuevas y poderosas formas de organización social y de intercambio de conocimientos comenzaron a surgir. 
Y nuevas formas de aprendizaje.
Las conversaciones en red se han convertido en el nuevo paradigma del aprendizaje.
Internet ha creado una red mundial que permite comunicarse a miles de millones de personas.
Y compartir el conocimiento y el aprendizaje entre ellas.
Pueden tomar el conocimiento cada vez que lo necesitan, porque éste se encuentra siempre ahí y cada vez con más respuestas a las preguntas.
La web no tiene centro, no tiene estructura de gestión, casi no tiene reglas.
Un enorme cúmulo de recursos digitales ilumina Internet con contenidos de valor y nuevas formas de generar y distribuir el conocimiento.
Internet se ha convertido en la puerta a la mayor tienda del conocimiento del mundo.
Y se está haciendo mejor y más grande cada día.
Enciclopedias en línea, archivos de vídeos, herramientas colaborativas, clases abiertas, blogs, wikis, podcasts, mundos virtuales…
En todo el mundo, millones de personas comparten y envían enlaces útiles a otras personas, quienes a su vez las remiten a más personas.
Y de esta forma se genera la replicación viral del aprendizaje a través de todo tipo de redes.
Una idea contagiosa se transmite como una infección.
Y es justamente esa contagiosidad la que hace que funcione.
Un mensaje es inoculado en un grupo pequeño de individuos.
Estos lo transmiten a otras personas.
Y estas lo comunican a otras más.
Y así, cada vez que una persona ha quedado "contagiada", tiende a propagar rápidamente el contagio a su círculo de amigos y conocidos, quienes continúan haciendo lo mismo en un crecimiento exponencial.
Las redes se han convertido en organizadoras y amplificadoras de la fuerza mental de los individuos.
También en las organizaciones, los empleados se interconectan con sus colegas comunicándose y distribuyendo el conocimiento desde sus dispositivos hacia el resto de la organización.
Las organizaciones más eficientes y competitivas han comenzado a captar el mensaje y están aprendiendo a cambiar sus estrategias.
Empiezan a entender que en la era de la información y el conocimiento, nada importa tanto como la mente de sus empleados.
El modelo unidireccional ya no funciona y debe abrir paso a un nuevo modelo colaborativo basado en la comunicación participativa, la organización en red, la descentralización y el intercambio de conocimientos.
Un nuevo modelo en el que la organización ya no tiene el control absoluto sobre el mensaje, sino que debe compartir el mismo con sus diferentes públicos objetivos.
Todos ellos empiezan a tener el poder de compartir fácilmente ese mensaje y contribuir a mejorarlo y enriquecerlo y diseminarlo.
En nuestro mundo actual, el aprendizaje tiene lugar en cualquier momento y en cualquier lugar.
Naturalmente la educación formal no desaparecerá.
Pero buena parte del aprendizaje ya se está derivando hacia un contexto de flujo de trabajo informal.
Como había sucedido antes, durante cientos, miles de años a lo largo de la historia de la humanidad. 
El aprendizaje en red no nos ha hecho mejores, sólo nos ha restituido lo que ya era nuestro desde los orígenes de los tiempos –multiplicado con la potencia de las nuevas tecnologías.

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