martes, 19 de agosto de 2014

Las Fuentes del Genio y la Creatividad (II)

La lucidez y la fecundidad creativa son estados de la mente que escapan al control consciente y deliberado de la voluntad.
En realidad, nuestra capacidad de control voluntario del cerebro abarca escasamente algunas funciones vinculadas al uso del lóbulo temporal medio, que contiene el hipocampo.
Esta zona del cerebro viene a ser como el cuaderno de notas del cerebro para manejarse en la situación inmediata y tiene una capacidad de procesamiento muy limitada.
Nos permite por ejemplo prestar atención consciente a los detalles o concentrarnos para realizar un esfuerzo deliberado en la ejecución de las tareas.
Sin embargo, el genio y la creatividad implican casi siempre la capacidad de desconectar el cerebro consciente, dejando que tome el mando el cerebro inconsciente.
Eso propicia la habilidad para utilizar toda la capacidad del cerebro, incluidas las zonas de la corteza frontal y parietal, áreas donde se almacenan los recuerdos a largo plazo.
De este modo se consigue poner el repositorio de recuerdos a largo plazo al servicio de la memoria a corto plazo, de forma que sea posible recuperar los diferentes componentes de un problema reconociendo los patrones existentes en el cerebro.
La intuición, y no el razonamiento, se convierte en la supra-lógica que suprime todos los procesos rutinarios del pensamiento y salta directamente desde el problema a la solución.
Pero dado que la creatividad implica fundamentalmente procesos mentales que operan en el cerebro inconsciente, no podemos invocar a voluntad la capacidad de ser lúcidos y creativos.
Lo único que podemos hacer es tratar de generar las condiciones físicas y mentales que favorezcan el funcionamiento lúcido e intuitivo de nuestro cerebro.
Posiblemente el factor que se correlaciona en mayor medida con el nivel de lucidez y capacidad creativa es el nivel de energía.
Las variaciones en el nivel de energía que se producen a lo largo del día, y a lo largo de las diferentes épocas por las que atravesamos, determinan en buena medida nuestra capacidad para la fecundidad y productividad creativa.
Para ser creativos necesitamos contar con la energía física y mental adecuadas.
Cuando estamos plenos de energía somos capaces de concebir ideas o conceptos nuevos y valiosos, o de generar nuevas asociaciones entre ideas y conceptos ya conocidos, y de este modo encontramos la forma de resolver los problemas difíciles a los que nos enfrentamos.
En cambio, cuando nuestro nivel de energía está bajo, se pone en marcha el mecanismo cerebral ancestral de ahorro de la energía.
Este mecanismo se desarrolló en la época prehistórica de escasa disponibilidad de recursos alimenticios, ya que permitía reducir al mínimo el consumo de energía mental, lo que podía suponer una ventaja competitiva para la supervivencia.
Por eso, al final de una agotadora jornada de trabajo nos cuesta encontrar la fuerza necesaria para llevar a cabo esfuerzos intelectuales serios.
Lo mismo nos sucede después de atravesar una situación estresante, cuando hemos dormido mal, o cuando en general sometemos a nuestro organismo a actividades que le enferman y le agotan.
El agotamiento, sea por la razón que fuera, debilita nuestras capacidades mentales y creativas.
A nivel neuroquímico, estas variaciones en nuestro nivel de energía están reguladas especialmente por las variaciones del neurotransmisor dopamina.
La dopamina es la droga de la energía, la motivación y el poder personal.
Es también la molécula que estimula el circuito del deseo y la activación y media en el movimiento corporal.
Cuando los niveles de dopamina son demasiado bajos, nos falta la motivación, nos sentimos apáticos, no tenemos ganas de hacer nada, y nos parece que cualquier esfuerzo equivale a escalar una escarpada montaña.
En cambio, cuando los niveles de dopamina son elevados, nos sentimos llenos de vida, vibrantes, activados, fuertes, motivados, poderosos y llenos de energía.
La energía fluye por nuestro cuerpo y por nuestro cerebro sin cortapisas.
Nos sentimos fuertes, rebosantes de confianza y optimismo.
Poderosos y clarividentes.
Deseosos de explorar, de emprender, de comprender el mundo, incluso de conquistarlo.
Nuestra mente se vuelve lúcida, plena de intuiciones rápidas y acertadas.
Nuestros pensamientos se tornan claros.
La creatividad, incluso el genio, aparece sólo entonces. 

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