miércoles, 20 de agosto de 2014

Las Fuentes del Genio y la Creatividad (y III)

Si repasamos la vida de algunos de los grandes genios de la humanidad, podemos apreciar que casi siempre sus chispazos de inspiración vinieron precedidos de una serie de condiciones que propiciaron su aparición.
En especial, tuvieron que tener primero un objetivo, un propósito, una pasión que guiase sus esfuerzos y acciones en una determinada dirección.
Tuvieron también que pasar necesariamente por un largo proceso de aprendizaje, adquisición de conocimientos, práctica y experiencia.
Abordaron este esfuerzo de un modo deliberado, resistiéndose a estancarse en sus zonas de comodidad y buscando siempre intentar seguir mejorando cada pequeño detalle de su ejecución.
Observamos también que casi siempre los genios se han caracterizado por una actitud de audacia intelectual, atreviéndose a mirar los problemas desde un punto de vista divergente, redefiniéndolos para encontrar nuevas soluciones flexibles y originales.
Para ser capaces de lanzar esta mirada nueva y creativa a los problemas, la genialidad requiere casi siempre dejar obrar al cerebro inconsciente, ya que la mayoría de los problemas son demasiado complejos para poder ser abordados eficazmente mediante la memoria operativa, que es operada por el cerebro consciente.
Se necesita ser capaz de utilizar las zonas cerebrales de almacenamiento de recuerdos a largo plazo para incrementar de forma extraordinaria la capacidad de computación a corto plazo.
Pero el cerebro normalmente sólo encontrará esta capacidad para fluir con penetración y agudeza cuando su nivel de energía se encuentre en un punto suficientemente elevado.
Sólo entonces será capaz de reorganizar los datos e informaciones originales para crear nuevas asociaciones que lleven a un conocimiento nuevo y que hasta entonces no había sido evidente.
Numerosos estudios han relacionado el nivel de energía, y consiguientemente la capacidad creativa, con el nivel de dopamina en el cerebro.
La dopamina es el neurotransmisor clave en el sistema motivacional.
Cuando sus niveles se elevan, las experiencias emocionales se agudizan y nos sentimos activos, briosos, con la mente iluminada.
Cuando sus niveles descienden, nos sentimos embotados, aturdidos, apagados, adormecidos y nos cuesta entender o vislumbrar incluso lo que parece obvio.
Por supuesto, la dopamina es también la droga natural de la euforia, y todos sabemos los riesgos que puede llegar a entrañar si no somos capaces de controlarla adecuadamente.
En realidad, la clave para alcanzar los momentos cumbre sostenidos de genialidad y lucidez consiste en la adecuada combinación de calma y motivación, de energía y control.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada