lunes, 1 de septiembre de 2014

7 Mitos sobre el Aprendizaje Humano

MITO 1: La letra con sangre entra. Las amenazas, golpes y castigos pueden ser un método drástico, pero funciona. A base de dolor y sufrimiento, la gente acaba aprendiendo.
REALIDAD: Las emociones negativas pueden propiciar aprendizajes muy simples de evitación, como "no tocar la plancha ardiendo" o "no quedarse dormido en clase".
Al mismo tiempo, estas emociones entorpecen el funcionamiento del hipocampo y otras áreas cerebrales que intervienen en el procesamiento cognitivo, dificultando la capacidad para aprender conceptos complejos o para desarrollar soluciones nuevas y creativas.
Desde un punto de vista neurológico, el estrés y las emociones negativas tienden a volvernos literalmente más lerdos, atenuando nuestra inteligencia y capacidad de aprendizaje.

MITO 2. Cuanta más información tengamos y cuanta más atención prestemos a los detalles, tanto mejor aprenderemos.
REALIDAD: Las personas tenemos una capacidad limitada para absorber la información, derivada de las limitaciones de nuestra memoria de trabajo.
Por ello, "menos es más" suele ser un buen principio en el aprendizaje.
En cada momento, sólo podemos hacer frente a una cantidad limitada de información.
Así que necesitamos concentrarnos en lo esencial, en el primer plano.
Filtrar e ignora las distracciones de fondo innecesarios.
Obviar los movimientos y distracciones irrelevantes.
El secreto del aprendizaje eficiente no consiste en observarlo todo, en prestar atención a todos los detalles, sino justamente al contrario, en volverse selectivamente ciego, filtrando todo aquello que resulte irrelevante para nuestros particulares propósitos.

MITO 3: Aprender es recibir conocimiento de un experto.
REALIDAD: De entre las varias formas en que las personas tenemos de aprender, volcar el jarrón del conocimiento de un experto en el vaso del cerebro del aprendiz, no es una de ellas.
En realidad, sólo aprendemos cuando la información tiene algún sentido para nuestro cerebro.
Sea que nos lo cuente un experto o que lo leamos en un libro o en cualquier otro sitio, sólo seremos capaces de aprender algo si nuestro cerebro lo comprende.
Y comprender algo consiste básicamente en encontrar la forma de relacionar esa nueva información con los esquemas mentales previos que ya teníamos almacenados en nuestra memoria.
No podemos adquirir nuevos conocimientos a menos que seamos capaces de asociarlos e integrarlos con el conocimiento previo que ya teníamos.
Ese es el secreto de todo nuevo aprendizaje conceptual: encontrar algo en nuestro cerebro a lo que podamos agarrar y amarrar el nuevo conocimiento, y de esta forma darle sentido.
Sólo entonces se producirá el aprendizaje.

MITO 4: Para aprender lo más importante es “querer aprender”.
REALIDAD: Querer aprender apenas influye en el hecho de que aprendamos o no.
De otro modo, nadie suspendería un examen. Le bastaría con ordenar a su cerebro que aprendiese determinada información.
Pero el cerebro tiene sus propias reglas.
Está programado para aprender, pero también para ignorar todo aquello que no merece la pena ser aprendido.
Y el que decide qué merece la pena ser aprendido o no, es básicamente nuestro cerebro inconsciente.
El criterio que utiliza para tomar esa decisión es la interpretación que hace de si estamos o no ante una oportunidad o ante una amenaza –que justifiquen el gasto energético que implica el aprendizaje.
Sólo cuando nuestro cerebro cree hallarse ante una oportunidad o ante una amenaza –lo cual reconoce porque experimentamos placer o dolor, emociones positivas o emociones negativas-, decidirá que merece la pena traspasar la nueva información a la memoria a largo plazo, produciéndose entonces el aprendizaje.
Si la carga emocional de la nueva información es suficientemente elevada, seremos capaces de aprender incluso con una sola repetición.
En cambio, cuanto menos nos interese – en los términos enunciados- la información que llega a nuestro cerebro, más y más repeticiones necesitaremos para que esa información pase a la memoria a largo plazo.
La verdadera clave del aprendizaje no es recibir información, sino asegurarse de conferir suficiente carga emocional a esa información para que el cerebro decida aprenderla.

MITO 5: El aprendizaje en la especie humana se produce por medio de las ideas y la capacidad de razonamiento.
REALIDAD: El aprendizaje por medio de las ideas y el razonamiento es un evento más bien raro y particular –aunque observando lo que sucede en las escuelas pudiéramos pensar otra cosa.
Cuando las personas aprendemos a montar en bicicleta o a jugar al tenis, cuando aprendemos a estimar la calidad del café apreciando su sabor, o cuando aprendemos a emitir una determinada nota de voz, no lo hacemos por medio de ningún tipo de ideas, ni de inferencias, ni de razonamientos que llevemos a cabo.

MITO 6: Para aprender hay que repetir los conceptos muchas veces.
REALIDAD: Aunque la repetición es probablemente la menos simpática de las técnicas de aprendizaje, casi siempre suele ser necesaria para que éste se produzca.
Las personas tendemos a olvidar rápidamente la mayor parte de los nuevos aprendizajes, así que solemos necesitar el concurso de la repetición para fijar la nueva información en la memoria a largo plazo y así poder recordarla más adelante.
Sin embargo, no se trata simplemente de repetir un concepto muchas veces. Se requiere repetir con inteligencia.
El truco de la repetición eficaz consiste en realizar varias repeticiones al principio para consolidar el nuevo aprendizaje, y luego periódicos repasos, cada vez más espaciados en el tiempo.

MITO 7: Venimos al mundo como hojas en blanco, sobre las cuáles se van escribiendo todos los nuevos aprendizajes que adquirimos a lo largo de nuestras vidas.
REALIDAD: Venimos al mundo con nuestros cerebros cargados de una gran cantidad de conocimientos y una infinidad de programas que nos hacen comportarnos, pensar y sentir de unas determinadas formas.
Nuestros procesos de aprendizaje serían infinitamente largos y poco eficientes si tuviésemos que partir de cero.
De allí que nuestros cerebros nazcan ya como sistemas expertos equipados con una gran cantidad de información y de mecanismos automáticos concebidos para ayudarnos a resolver los problemas con los que habitual y ancestralmente se han enfrentado quienes nos precedieron.
Sin darnos cuenta, estamos continuamente aplicando estos mecanismos automáticos para aprender, para tomar nuestras decisiones y para orientar nuestra conducta, mezclando inconscientemente los métodos lógicos y racionales con el conocimiento y los procedimientos de inferencia instintivos.

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